Dedicado a Andreu (ULAP2) que supo captarme con simpatía y devolverme una sonrisa. A todos los que seguís en mí, aunque Dios os haya robado.A Dani por quererme.A Jordi (programador-web.com) por remodelar mi fachada. A Sergio por ser mi mejor amiga. A Papa y Mama por hacerme.

December 22, 2007

Sábado, 22 de Diciembre del 2007

De la categoria: Diario — admin @ 11:42 pm

Me siento fatal, no consigo estar tranquilo, mi situación es delicada, bailo en el borde del precipicio de la depresión.

La muerte de Tucho me ha desestabilizado completamente, su forma de morirse en mis brazos, lentamente y delante de mis ojos ha sido verdaderamente traumática, quizás por ser uno de los seres que más amo en este mundo, quizás por que una muerte siempre es desagradable e impactante porque entre otras cosas nos hace sentir impotentes.

Quiero incinerar su cadáver, como hice con mis queridos Manchitas, Gloto y Basi el año pasado, el problema es que al coincidir en festivo y en Navidad es completamente imposible, ya que la incineradora más cercana que devuelve las cenizas de tu gato está en Coruña, y no abre en festivos, además primero hay que llamar para solicitar cita.

Es tremendo verlo en casa muerto, poco a poco está más frío, duro y con los ojos hundidos, me mata recordar estos 15 años juntos mientras veo como hoy yace sobre mi mesa de cristal, encima de aquel cojín azul que utilice para el cadáver de Gloto y que nunca me atreví a lavar por no perder los restos de su pelo, lo único que me quedaba de ella. Decidí ponerlo sobre este cojín, para que también permanezcan los suyos.

También le he rodeado de flores como a los demás, he encendido 4 velas blancas en cada punto cardinal de su cuerpo con inciensos olor a rosas que combaten el olor a muerte, como las otras veces.

Puse la figura de mi diosa Bastet a su lado para que le proteja en su viaje y a las urnas que contienen las cenizas de Gloto y Manchis en su cabecera para que le vengan a buscar, lo lleven al cielo y vivan a partir de ahora siempre juntos.

Entro en su cuarto, lo beso, lo acaricio y lloro como un loco, me produce tanta tristeza que vuelve a romperse mi alma en mil pedazos, pero pese a eso sigo entrando para ver como está, para poner inciensos y velar su cadáver hasta que lo lleve a Coruña después de Navidad.

Esta noche me levanté sobresaltado de nuevo a las 5:30 y corrí descalzo a su habitación a ver como estaba, con pánico de que se produjese un incendio provocado por las velas, todo fue fruto de una pesadilla, Tucho seguía ahí dormido, rígido, frío, y con su pelo brillante.

Tampoco tiene los ojos cerrados, y parece que me sigue mirando, pero cuando los observo y le doy besos, me doy cuenta de que ya no está allí porque están hundidos y empezando a cristalizarse.

Que terrible es la muerte y la descomposición de nuestros cuerpos al finalizar esta vida, y que realista es poder verlo de nuevo.

Me siento tan mal, tan vacío, tan triste y desolado que no soy capaz de ver este fallecimiento como parte natural de la vida larga y muy bien vivida de Tucho.

Se que al final lo veré así, como he entendido la de Manchis, Basi y Gloto, pero ahora mismo no puedo, me cuesta más que antes. Llenaba tanto mi casa y nuestras vidas con su personalidad, que es como si hubiese perdido el aire que respiro. No es que a Tucho le quisiese más que al resto de mis niños, pero si tengo que reconocer que le guardaba una parte de mi alma muy especial.

Nada me entretiene, he atendido clientes como auto- terapia y he ido a comer a casa de mi familia, he sacado a pasear a las perras, he limpiado la casa de arriba abajo, he revisado facturas de telefónica, agregado canales nuevos a la televisión de pago, he intentado escribirte como un ejercicio para desahogarme, pero sigo viéndolo, sigo oyéndolo, y cuando llega la hora de ponerle la insulina me hundo, y cuando me levanto a darle de desayunar a todos y veo que su comedero está vacío me muero, y cuando me acuesto y veo que no me llama, que no me abre la puerta para meterse entre mis sabanas, que no tira todos las cosas de la cocina como hacía siempre, que Tomasita le llama, todo se para de golpe y solo veo su muerte, aquellos ojos asustados y aquel maldito deseo mío de que se muriese mientras le besaba y mojaba con mis lagrimas de la más profunda pena.

Tenía deseo de que se fuese de una vez y cesase ese sufrimiento, de que se muriese, es increíble, he deseado la muerte de lo que más amo, y me siento tan culpable, tan asqueroso, tan egoísta. Y ahora siento que quizás no haya hecho todo lo posible, que quizás no actuase como debería haberlo hecho, quizás se ha muerto por mi culpa y ponerle esa dosis doble de insulina que me recomendaron, quizás por no haberle puesto suero de nuevo, no lo sé. Lo hecho tanto de menos.

Solo quiero matar mi cabeza, y no pensar, no sentir, aunque solo sea por un tiempo.

Y lo peor es que nadie entiende mi pena, porque solo era un gato, no comprenden que siento lo mismo por Tucho que por una persona con la que convives 15 años, que yo lo sentía como un amigo, como un niño revoltoso y lleno de vida.

Me llamó de nuevo mi hermana Bea, como cuando lo hizo a la muerte de Gloto el Viernes 7 de Abril del 2006 que le colgué enfadado el teléfono, hoy trate de no hacerlo cuando me dijo:- Siento lo de tu gata…, y solamente le respondí, en primer lugar no era una gata…, era un gato, y pensé, en segundo lugar no era un gato, era mi hijo.

He perdido a mi hijo de 15 años. Y ahora no sé donde está.

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